Juego simbólico y de representación:

El juego de representación o roles (pretend or role play) es un tipo de juego que suele aparecer entre los 2 y los 4 años. En él, el niño, que busca formar su propia personalidad, observa e imita los modelos cercanos que tiene y conoce, y en especial con los que tiene un vínculo más estrecho (mamá, papá). Poco a poco, y a medida que va creciendo, el niño reproduce los gestos, actos y maneras de hacer del entorno, y las perfecciona añadiendo características de su propio carácter para adaptarse en sociedad y hallar su lugar en el mundo. El juego, exploratorio y constructivo desde el nacimiento hasta los 18 meses, adquiere matices más simbólicos y creativos a partir de esta edad y tiene múltiples beneficios en el desarrollo y crecimiento de cada niño.

Entre ellos:

  • Estimula el cerebro del niño creando nuevas conexiones neuronales y optimizando el aprendizaje en otras áreas
  • Estimula el lenguaje y la comunicación, puesto que muchas veces, el juego es compartido con otros niños, o no compartido, pero en voz alta.
  • Contribuye al desarrollo de la empatía, la socialización y las habilidades sociales. Los niños nuevos suelen observar a otros niños y cuando se sienten preparados, se introducen en el grupo de juego, amoldándose a la actividad que llevan a cabo, y aportando nuevas ideas, enriqueciéndose mutuamente.
  • El ensayo y error que permite la situación de juego contribuye a mejorar la tolerancia a la frustración, puesto que como las consecuencias no son graves, los niños viven el error como parte del aprendizaje y no como un fracaso, se sienten más seguros y con ello, mejora su autoestima y su bienestar. Afrontan mejor los retos y las nuevas situaciones y son resolutivos ante los problemas.
  • Contribuye, por defecto, al perfeccionamiento de la Psicomotricidad gruesa y fina
  • Probando diferentes posturas y roles, definen sus gustos, se sienten más tranquilos y encuentran mejor su rol en la sociedad, lo que, a su vez, también mejora su autoestima.
  • Tiene función terapéutica, ya que el niño plasma en el juego su mundo interior (emociones, vivencias y sentimientos) y con un feed back adecuado (de un profesional) puede contribuir a resolver problemas psicológicos (de comportamiento, apetito, sueño, aprendizaje…)
  • Los adultos que han jugado mucho de pequeños, suelen estar conformes y contentos con los trabajos que desempeñan en sus trabajos y suelen ser personas más sosegadas, alegres y sociables.

Norma Maria Carretero, psicóloga clínica y Psicoterapeuta dinámica,

Col. 14.146, Barcelona. Consulta propia, niños/adultos, también en English/Français